domingo, 11 de abril de 2010

Fergus y el caballo de río


El gobernador Fergus adoraba explorar lo lagos y los ríos de Irlanda. Un día mientras paseaba por el lago Rury, dio con el Muirdris, un caballo de río del que apenas pudo escapar. A causa del terror de la cara de Fergus quedó torcida, y teniendo en cuenta que los gobernantes no podían tener ningún defecto, los nobles escondieron todos los espejos del palacio y lo mantuvieron ignorante de su apariencia.

Un día, Fergus golpeó a una esclava y ella indignada le gritó: "¡Sería mejor que os vengarais del caballo del río que os dejó la cara torcida, antes que cometer actos atroces contra una simple mujer que no os ha hecho nada!".

Fergus hizo traer un espejo, se miró y decidió que como el era el gobernador no podía permitir tener esa apariencia sin ningún tipo de venganza. Se puso los zapatos mágicos, tomó su espada y fue al lago Rury.

Estuvo escondido bajo las olas durante un día y una noche, pero los ultonianos (que así se llamaban los habitantes de sus tierras) se preocuparon mucho al ver el lago hervir y enrojecer con la sangre, ya que creían que pertenecia a Fergus, pero estaban en un error. Al mucho rato Fergus surgió de las aguas con la cabeza de Muirdris en sus manos. ¡Había desaparecido el defecto! en su cara cada trazo simétrico estaba en su lugar y todos los que le vieron con el semblante marcado ven ahora compostura serena de un Rey.

Sonrió, llevando su trofeo a la orilla, y dijo: ¿He sobrevivido!... y se ahogó. Así fue la muerte de Fergus. Pero todos los ultonianos les quedó la imagen de un Rey valeroso que supo contraponer se y morir como un buen Rey.

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